Alasitas democracy

"Dagmara Wyskiel, artista polaca residente en Chile en su paso por Bolivia hace casi dos meses, propuso con elocuencia, una chiti instalación. La obra se llama Alasitas Democracy y consiste en la instalación de mini sillitas tanto en Plaza Murillo como en las gradas de ingreso al mismo Palacio-Casa del Pueblo haciendo evidente la desproporción de las cosas, el pueblo en las calles y el dueño del Castillo encerrado adentro. Wyskiel viene trabajando el tema de las proporciones hace mucho tiempo y lo domina. En esta obra, los deseos de la gente que como en Alasitas votó por un representante o un candidato, están ahora empequeñecidos por el despliegue de poder en concreto gris del edificio del gobierno. Pero lo más genial es que es de Alasitas, no sólo por la dimensión que resulta irrisoria sino por el significado: Alasitas Democracy = Comprame Democracia!"

Lucía Querejazu, un fragmento de Un disfraz lleno de sangre, publicado en Pagina siete, 9 de diciembre de 2018

ALASITAS DEMOCRACY

La intervención en el frontis del Palacio del Pueblo en La Paz, Bolivia, nos obliga a repensar conceptos como poder, democracia o igualdad. La intervención en este emblemático espacio público surge como consecuencia de la línea de trabajo de la autora, Dagmara Wyskiel, doctor en artes visuales de la Universidad de Bellas Artes de Cracovia, Polonia, quien a través de la sub y sobre escalación de objetos cotidianos nos habla no sobre el tamaño de las cosas, sino sobre su relación filosófica y existencial con el entorno y con nosotros mismos.

Pequeñas sillas blancas parecieran provenientes de un set de juguetes para niñas. Puestas en la escalera de la nueva fortaleza, tensionan la desproporción física entre el aquí y el allá, el adentro y el afuera, visibilizan la desconexión real entre los dos mundos y en consecuencia la alienación. Las escaleras sirven tanto para subir como para bajar. Los peligrosos oleajes que provocan el temporal -confiamos- alejamiento de la tierra firme de el menos mal sistema entre los existentes -la democracia-, ocurren en todas partes del mundo y son los más sintomáticos de la actual década. Las marejadas de extremismos de diversos índole y aspiraciones dictatoriales están en su auge en Europa y en Américas. Debemos mantener firme el simbólico timón de arte, convencidos que todas las tormentas algún día se acaban.

La obra alude a la Feria de Alasitas en La Paz (enero - febrero) donde la gente encarna sus deseos materializándolos en objetos en miniatura para que se puedan hacer realidad. La imagen de las pequeñas sillitas blancas en contraposición del omnipotente, gris metálico palacio del pueblo simula en su forma a los objetos de alasitas, compitiendo así la representación del deseo y la (cruda) realidad.

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The intervention in the front of the Peoples Palace in La Paz, Bolivia, forces us to rethink concepts such as power, democracy or equality. The intervention in this emblematic public space arises as a result of the line of work of the author, Dagmara Wyskiel, doctor in visual arts of the University of Fine Arts in Krakow, Poland, who through the sub and on escalation of everyday objects we He speaks not about the size of things, but about their philosophical and existential relationship with the environment and with ourselves.

Small white chairs look like they came from a set of toys for girls. Placed on the stairs of the new fortress, they stress the physical disproportion between the here and there, the inside and the outside, make visible the real disconnection between the two worlds and consequently the alienation. The stairs serve both up and down. The dangerous waves that provoke the storm, we trust, away from the mainland of the least bad system among the existing ones - democracy - occur in all parts of the world and are the most symptomatic of the current decade. The swells of extremism of various kinds and dictatorial aspirations are at their peak in Europe and in the Americas. We must hold firm the symbolic rudder of art, convinced that all storms will one day end.

The work alludes to the Fair of Alasitas in La Paz (January - February) where the people embody their desires by materializing them in miniature objects so that they can become reality. The image of the small white chairs in contrast to the omnipotent, metallic gray palace of the town simulates in its form the objects of alasitas, thus competing the representation of desire and (raw) reality.

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